Cistitis Hemorrágica

La cistitis hemorrágica es la aparición repentina de sangre en la orina en combinación con dolor vesical y síntomas de irritación en esa zona. El volumen de sangre puede variar desde una cantidad diminuta que aparece ocasionalmente hasta la presencia continua de sangre de color rojo intenso.  

La hematuria, que es justamente la presencia de sangre en la orina, puede tener diversas causas. Uno de los principales grupos de riesgo son los pacientes oncológicos. El surgimiento de la patología puede ser variable en los enfermos de cáncer, ya que la cistitis hemorrágica puede iniciarse durante el tratamiento, inmediatamente después de éste o su aparición puede retrasarse hasta varios meses después del tratamiento.  

La enfermedad también posee otra vertiente, que el surgimiento de cistitis hemorrágica como respuesta secundaria a infecciones bacterianas, fúngicas y parasitarias.  

Otras de las causas potenciales de cistitis hemorrágica son: 

  • Exposición a tóxicos químicos.
 
  • Agentes inmunes (penicilinas, danazol).
 
  • Radioterapia externa o intersticial.
 
  • Distintas clases de Virus.
 

Aunque puede convertirse en una afección muy grave y provocar un sangrado significativo (hemorragia) o una infección potencialmente mortal (urosepsis), la mayoría de los pacientes que contraen cistitis hemorrágica pueden tratarse exitosamente y superar el cuadro. 

Sin ninguna duda, la cistitis hemorrágica es el problema vesical más grave relacionado con la quimioterapia. Y aunque los pacientes oncológicos se encuentran en riesgo de desarrollar este tipo de cistitis, existe sin embargo una larga lista de razones para su aparición, entre las que la cuestión oncológica es sólo un ingrediente más: 

  • Medicamentos de quimioterapia: ciclofosfamida e ifosfamida.
 
  • Cáncer vesical.
 
  • Radioterapia pélvica.
 
  • Radioterapia administrada junto con quimioterapia.
 
  • SIDA.
 
  • Otros químicos (tintes, insecticidas, drogas).
 
  • Antibióticos.
 
  • Trombocitopenia (recuento de plaquetas bajo).
 
  • Transplante de médula ósea con administración de grandes dosis de quimioterapia.
 

Para entender el surgimiento de la cistitis hemorrágica, es vital comprender que en los pacientes que reciben quimioterapia el cuerpo descompone estos fármacos en distintas sustancias. 

Al ser eliminadas a través de la vejiga, estas sustancias pueden causar síntomas como, por ejemplo, la irritación de las paredes de la vejiga. Cuando estas lesiones revisten gravedad, pueden provocar la formación de úlceras que desemboquen en hemorragias significativas. 

La ciclofosfamida produce presencia de sangre en orina (hematuria) hasta en el 65-70% de los pacientes en tratamiento. Aunque generalmente es leve y puede manejarse con medidas conservadoras, la hemorragia puede ser masiva. No se dispone de un factor que permita conocer fehacientemente que pacientes presentarán esta complicación y cuales no.  

Generalmente es más frecuente durante o inmediatamente después del tratamiento, aunque algunos pacientes que siguen tratamientos prolongados con ciclofosfamida pueden presentar hematuria leve o moderada de forma diferida.  

Síntomas 

Los principales síntomas de la cistitis hemorrágica son: 

  • Fiebre con 38 ºC como mínimo y escalofríos (posible infección).
 
  • Presencia de sangre en la orina, de color rosa pálido a rojo intenso, con o sin coágulos sanguíneos.
 
  • Dolor y ardor al orinar.
 
  • Aumento de frecuencia en las micciones.
 
  • Urgencia urinaria.
 
  • Incontinencia urinaria, con pérdida involuntaria de orina.
 
  • Despertarse por la noche dos o más veces para orinar.
 
  • Dolor abdominal.
 
  • Fatiga (debido a la anemia).
 
  • Infección vesical.
 

Inconvenientes relacionados 

Asimismo, la cistitis hemorrágica trae como consecuencia otros problemas relacionados, que pueden complicar aún más el cuadro. Ellos son: 

  • Descamación de la pared vesical.
 
  • Reducción del tamaño de la vejiga.
 
  • Infección sistémica grave (urosepsis).
 
  • Obstrucción urinaria.
 

Tratamiento 

El tratamiento de esta patología varía con mucha frecuencia, no existiendo hasta el momento un protocolo médico establecido para tratar la cistitis hemorrágica. En muchas ocasiones se soluciona en forma independiente, por su propia cuenta. 

Las acciones más habituales para tratar la cistitis hemorrágica incluyen:  

  • Interrupción del tratamiento que está causando los problemas vesicales.
 
  • Analgésicos, para aliviar los dolores intensos.
 
  • Antibióticos, cuando existe el riesgo de una infección subyacente o como medida preventiva.
 
  • Transfusión de sangre, si el paciente desarrolla anemia debido a la hemorragia.
 
  • Instilación de medicamentos en la vejiga para detener la hemorragia.
 
  • Aunque es necesario profundizar la investigación antes de sacar una conclusión definitiva, un estudio preliminar informa que la combinación de baños de manzanilla junto con lavados de vejiga de manzanilla y antibióticos es mejor que el empleo de antibióticos solamente para la cistitis hemorrágica.
 

Prevención 

En cuanto a la prevención de esta enfermedad y otros problemas vesicales similares, existen algunas medidas que pueden tomarse y que en muchas ocasiones resultan efectivas: 

  • Irrigación vesical continua con solución salina.
 
  • Ingesta abundante de líquidos por infusión oral o intravenosa.
 
  • Alcalinización de la orina con diuréticos.
 
  • Diuréticos tipo IV para pacientes con baja producción de orina.
 
  • Empleo de Mesna, un compuesto que protege las paredes de la vejiga y que no compromete la actividad antitumoral de la quimioterapia.
 

Asimismo, el mejor tratamiento de la infección urinaria en el paciente oncológico es evitar que se produzca. Para ello, no debe colocarse sonda urinaria a quienes no la precisen, y retirarse en cuanto sea posible a los portadores. También debe estimularse la ingesta de líquidos y evitar toda manipulación incorrecta de la sonda y de las bolsas colectoras. 

No está justificada bajo ningún motivo la utilización rutinaria de antibióticos profilácticos durante todo el tiempo que el paciente esté sondado. Solamente es necesario administrar un antiséptico urinario en el momento de retirar la sonda. 

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